Lunes al sol o Lunes a la sombra

Miércoles, 21 Febrero 2007 | Envía esta noticia Envía esta noticia | Noticia para imprimir Noticia para imprimir

Una resolución judicial ha condenado este lunes al secretario general de la Corriente Sindical de Izquierda (CSI), Juan Manuel Martí­nez Morala, y al dirigente de la citada central, Cándido González Carnero, a tres años de prisión, una indemnización de 5.624 euros al Ayuntamiento y una multa de 2.160 euros, por su participación en las movilizaciones del Astillero Naval de Xixón, que inspiraron la pelí­cula “Los lunes al sol”.

La sentencia considera probada la participación de ambos la destrucción de la caja de conexiones del sistema de control de Tráfico por Ví­deo en la Plaza de Maximino González el 10 de marzo de 2005.

Morala y Carnero han declarado que recurrirán la sentencia por considerarla como “un eslabón de la trama polí­tica y policial que criminaliza las protestas laborales para cerrar el astillero y construir pisos de lujo”.

Los dirigentes de la Corriente Sindical de Izquierdas han dicho que el magistrado se ha basado en los testimonios de los funcionarios del Cuerpo Nacional de Policí­a y han recordado que el primero de ellos que testificó en su contra “ha estado infiltrado en el sindicato y ha mentido”.

En declaraciones realizadas a los periodistas al salir del Juzgado, los sindicalistas han responsabilizado al juez de la filtración de la sentencia a un medio de comunicación escrito y han anunciado que presentarán una queja al Consejo General del Poder Judicial.

En los fundamentos de la sentencia se expresa que “la libertad sindical no constituye una excepción y su ejercicio debe realizarse dentro del más estricto respeto a la Constitución Española y a la Ley”.

Comunicado en apoyo a Candido y Morala, firmado por Fernando León de Aranoa

Cuentan en México que una noche estrellada, en una placita solitaria del barrio de Coyoacán, Pablo Neruda rompió una farola de una pedrada para que la joven a la que cortejaba en un banco pudiera ver las estrellas. Pasó la noche en comisarí­a, pero le valió la pena: habí­a conseguido besarla. Esta vieja y conocida historia resonaba en mi cabeza cuando escribí­ la secuencia en la que Santa, el protagonista de Los lunes al sol , se enfrentaba a juicio por haber reinventado el delito de Neruda: romper una farola en el transcurso de una movilización en defensa de su puesto de trabajo y del de sus compañeros.

Las risas del público impedí­an a menudo en los cines escuchar los diálogos entre Santa y su abogado, que le conminaba a pagar la farola. La cantidad era pequeña, y las consecuencias a las que el personaje se enfrentaba en aquel juicio, dolorosas sólo para su amor propio y para su ética del trabajo, que no es poco.

Pero la realidad supera siempre a la ficción. La escena que pronto tendrá lugar en los Juzgados de Poniente de Gijón tiene un argumento similar, pero no será divertida. Si nada lo impide, los trabajadores Cándido González Carnero y Juan Manuel Martí­nez Morala serán juzgados en ella de acuerdo a un guión que nunca se deberí­a haber escrito, porque recupera la inquietante tradición de aplicar soluciones penales a los conflictos sociales. Entre los años 2004 y 2005, cientos de trabajadores se manifestaron en Gijón en defensa de sus puestos de trabajo y sólo a dos de ellos, los más significados por su activismo y su compromiso con la supervivencia de los astilleros a través de los años, se les responsabiliza de los daños que esas movilizaciones causaron en el mobiliario urbano. Ellos se declaran inocentes. Su absolución permitirí­a la reconstrucción de la confianza en los mecanismos que vertebran el adecuado cumplimiento del contrato social, sin temor a represalias individuales en un marco de demandas e intereses colectivos.

A Cándido y a Morala se les acusa de haber roto otra vez la farola de Neruda. No para poder ver las estrellas: para ver mejor el trabajo y a los trabajadores. Dicen que, por amor, al poeta no le importó pasar una noche entre rejas. Hoy escucho a Cándido y a Morala decir en los medios de comunicación que no les importa ir a la cárcel si es por defender el trabajo. Son éstos tiempos difí­ciles para los poetas y para los sindicalistas í­ntegros.